La historia del niño que se quedo tetrapléjico por caer de la silla en clase
Jack está en la unidad de cuidados intensivos del hospital “Joan XXIII” en Tarragona, está dormido por la anestesia que le han puesto. Se ha quedado tetrapléjico, una de las formas más estúpidas de las que uno puede sufrir un “accidente”, pero, para saber cómo pasó todo, tenemos que remontarnos a unas horas antes.
- Jack, siéntate bien o te vas a caer –le dijo Marta, su profesora de matemáticas-, o te vas a quedar tetrapléjico.
Se lo había dicho como un millón de veces en aquella hora de clase. Se volvió a sentar bien como todas las otras veces que se lo había dicho, y en cuanto la maestra se dio la vuelta volvió a balancearse con la silla. Estaba mirando el escote de su compañera, que era impresionante. Ella se dio la vuelta. Como un acto reflejo, apartó la mirada rápidamente y sin querer soltó el brazo con el que se estaba sujetando en la mesa de atrás, cayó y se dio un terrible golpe en la nuca. Lo que él no sabía es que su compañera no se había dado cuenta de lo que estaba mirando.
Jack era un chico de dieciséis años, alto y fuerte, con los ojos azules y el cabello castaño claro. Era nadador, uno de los mejores. En su club no había quien le ganara, todos eran muy buenos, pero él, el que más. Era un buen chico, a diferencia de muchos otros que estaban a su nivel, que eran unos engreídos. A él no le parecía que ser el mejor fuera razón suficiente para creerse superior a sus compañeros. Aunque le encantaba hacerse el chulo delante de las chicas que le gustaban. Estaban en un centro de tecnificación deportiva, con alumnos que practicaban otros deportes. Una de las razones por las que no se había dejado la natación, era por los bañadores y biquinis de la marca Turbo. Aunque realmente, la principal era que todo el esfuerzo que hacía siempre le daba resultados. Sin embargo, pensaba en todos los días que sus amigos salían de fiesta y él tenía que quedarse en casa o estaba en unos campeonatos… Este iba a ser, probablemente, el fin de su carrera como nadador. Y con ella, las largas horas de entreno dentro y fuera del agua. Pero, por desgracia para él, no podría hacer la vida que le gustaría tener en el caso de que se dejara la natación, no podría hacer absolutamente nada por sí mismo… Aunque él aún no estaba en condiciones para darse cuenta de lo que sucedía.
Jack se despierta en el hospital y mira a su alrededor, la habitación es grande, las paredes están pintadas de blanco, hay una pequeña ventana con los cristales algo sucios. Ve a dos médicos hablando entre ellos. Uno es alto y delgado, un poco viejo, con arrugas, tiene el pelo gris y su voz era grave y denotaba un punto de frustación y tristeza. El otro era más bajo, parecía joven y más musculoso, su voz era más aguda y estaba sudando por lo que dedujo que estaba nervioso por algo, y lo más probable era que fuera porque tuvieran algo malo para decirle. Miró hacia el techo y vio un fluorescente que parpadeaba y le empezaba a molestar . El médico más viejo le dijo al joven:
- JD, apaga la luz, le está molestando al chico.
- Sí, doctor Cox -le respondió el chico.
JD fue hacia el interruptor y apagó las luces. La persiana estaba subida. El doctor Cox se acercó a Jack, JD se puso detrás.
- Chico, mucho me temo que con el golpe que has sufrido en las vértebras C1 y C2, has perdido toda la mobilidad en las extremidades -dijo el doctor Cox.
- ¿Y qué significa eso? -dijo Jack muy asustado
- Te has quedado tetrapléjico -dijo JD mirando al suelo y algo afectado.
Jack se quedó parado. No sabía cómo reaccionar. Ante la reacción del chico, JD añadió:
- Con esfuerzo y rehabilitación se puede llegar a curar.
El doctor Cox miró al chico con cara de desaprobación. Lo llevó cerca de la puerta y le susurró algo que Jack apenas oyó.
- Novato, …¿cómo te atreves ... al chico?
- Hay posibilidades de que... Si se hace un gran esfuerzo...
Su madre entró corriendo por la puerta. Era una mujer alta, delgada, aunque en estos últimos años había engordado un poco. De pelo castaño oscuro y con los ojos azules, tenía algunas arrugas en la frente, que denotaban el estrés que llevaba en el trabajo. Estaba trabajando y le habían dado un gran susto en cuanto la llamaron, y con razón. Los medicos la informaron de lo que pasaba. Ella se puso a llorar y los médicos dejaron que se acercara a su hijo. Le abrazó tan fuerte como pudo. Su hijo, inútilmente, intentó levantar los brazos para abrazarla. La frustración del chico era máxima. Le costaba hacerse a la idea de que sus extremidades no se movieran, que por más que lo intentara no las sentía.
- ¿Cómo estas hijo? -le preguntó en cuanto le soltó.
Su hijo, imitando a Rambo, dijo:
- No me siento las piernas -echándose a reír
Su madre tenía los ojos empapados de lágrimas. No entendía como su hijo podía reírse en una situación como aquella.
- ¿Que te pasa mamá?-le preguntó Jack
Ella no respondió. Decidió reírse al igual que su hijo para no preocupar al chico. Al cabo de un par de horas, entró uno de los entrenadores de su club. Era muy alto, medía casi dos metros, se había quedado calvo aunque cuando Jack lo conoció aún tenía pelo. Llevaba un chándal viejo de color azul con su nombre bordado “Marc”, que solía llevar cuando iban a correr. No llevaba el móvil en la mano. Sin duda estaba preocupado, porque siempre está hablando con alguien por el móvil y, en algunas ocasiones, jugando. Estaban muy cerca los europeos de natación, lo que aumentaba el grado de preocupación de Marc. Hacía dos años se había roto la pierna y no pudo competir. Marc se acercó a Jack y le dijo:
- ¿Como te encuentras? ¿Estás bien?
- No siento nada de cuello para abajo, así que supongo que no estoy del todo bien, pero podría haberme desnucado y ya no estaría aquí.
Su madre se quedó parada. Jack era un chico optimista, pero no pensaba que con lo que le había pasado seguiría pensando de esa forma. El entrenador, que en su interior sentía una mezcla entre rabia y frustración dijo:
- Mira que tienes mala pata, chico.
Hacía dos años, cuando se rompió la pierna, al chico le había hecho más gracia. Esta vez era demasiado grave como para hacer chistes. Al ver la reacción de Jack, se giró hacia María, su madre, y preguntó:
- ¿Dónde esta el medico?
- Se ha ido hace un rato, ha dicho que volvería enseguida.
Jack hizó la intención de levantar el brazo para pulsar el botón que llamaba a la enfermera, pero no consiguió nada. Su madre, viendo lo que pasaba, se levantó y pulso el botón.
En menos de medio minuto llegó una enfermera joven, de pelo castaño oscuro, algo bajita y con la bata algo abierta, lo que dejaba ver sus pechos. Le preguntó al chico con una voz muy dulce:
- ¿Necesitas algo?
- Tengo hambre -respondió el chico.
- Creo que no puedes comer nada hasta dentro de media hora.
- Pero tengo hambre -dijo mirándola con cara de pena.
- Nada de comer hasta las ocho cielo -dijo su madre.
- Si quieres puedo traerte un zumo, pero no te gustará.
- Da igual.
La enfermera se dió la vuelta y Jack y Marc giraron la cabeza y se quedaron mirando como se iba.
- Gracias, guapa -dijo Jack
Ella se dio la vuelta antes de salir por la puerta y le sonrió. Marc miro a Jack con cara de sorprendido. Se había extrañado mucho porque el chico nunca solía comportarse de ese modo. De repente empezó a reír. Y Jack le siguió. Entró la enfermera con el zumo y se lo acercó a Jack. Al ver que el chico no reaccionaba recordó que no podía mover los brazos y le dijo:
- Lo siento, no me acordaba. ¿Quieres que te lo sujete?
El entrenador empezó a reír a carcajadas. Jack sonrió y le respondió:
- Si, por favor.
Su madre viendo lo que sucedía se levanto y salió fuera a tomar el aire.La enfermera sujetaba el zumo mientras Jack bebía con la pajita. Estaba algo inclinada, lo que le daba a Jack una visión perfecta... Estaba tan concentrado que apenas pudo saborear el zumo.
Era sábado, habían pasado dos días ya y aún no podía irse del hospital. Lo peor de todo fue que no podía tocar el botón que llamaba a la enfermera solo y no quería pedírselo a su madre. Era un día soleado, le daba la luz en toda la cara, pero no le molestaba mucho.
A las once, vinieron algunos compañeros de clase a verle. Entre ellos estaba la “causante” de todo, que se sentía algo culpable.
Ángel, el enfermo mental de la clase, que realmente no sufría ningún trastorno pero que le llamaban así por su extraña conducta, se dirigió a el y fue a darle la mano. Empezó a reírse porque no podía levantar el brazo. Charlie, el que se sentaba al lado de Jack le dio una colleja que casi se cae. Ángel cogió el móbil de Jack que estaba en la mesita y le puso un fondo de pantalla de dos homosexuales, como solía hacer cuando la gente dejaba el ordenador a la vista. Esta era una de las principales razones por las que lo llamaban enfermo.
Las dos chicas que venían a verle, Paula y Sonia, se acercaron apartando a los chicos. Sonia le
abrazó y le dijo al oído:
- Lo siento, todo fue por mi culpa, si no...
- No fue por tu culpa y lo sabes.
La besó en la mejilla. Le miró, él vio que estaba llorando y le pidió a Paula que la rodeara con sus brazos. Paula se acercó y le abrazó también.
Al cabo de un par de semanas estaba en clase. El doctor JD tenía algo de razón, con un gran esfuerzo se puede recuperar. Aunque no se había recuperado del todo, solamente un poco los brazos, pero ya era algo. Iba con silla de ruedas, arrastrada por Sonia. Lo dejó en su mesa y ella se sentó en la suya, cerca de él. Apareció Ángel saltando en plancha desde dos metros de distancia y se deslizo por el suelo hasta sus pies y le descordó los zapatos. Esa era la otra razón principal por la que le llamaban enfermo. Se intentó levantar pero no pudo porque Charlie que había llegado entonces le dio una patada en las costillas. Ángel cayó al suelo y Charlie y Jack empezaron a reírse como locos. No era la primera vez que le hacían eso, pero se reían igual que la primera.
En cuanto dejaron de reír, comentaron la de veces que su profesora de matemáticas les había dicho que por caer de la silla podían quedarse tetrapléjicos. Nunca se la habían tomado en serio, pero ahora todos tenían más cuidado.
Mariano José de Larra
Mariano José de Larra y Sánchez de Castro, nacido en Madrid el 24 de marzo de 1809 - muerto en la misma ciudad el 13 de febrero de 1837, fue un escritor, periodista y político español y uno de los más importantes exponentes del romanticismo español.

Algunas de sus obras son:
- No más mostrador (1831)
Dentro del genero teatral:
- Macías
- Un desafío: drama en tres actos y en prosa
Novelas:
- El doncel de don Enrique el Doliente
Además de muchos otros artículos.
José Zorrilla
José Zorrilla y Moral, nacido en Valladolid el 21 de febrero de 1817 - muerto en Madrid el 23 de enero de 1893, que cultivo todos los generos poéticos.

Sus obras más famosas son, segun los distintos generos:
Lírica:
- Ira de Dios
- A una mujer
- La meditación
- A un torreón
Épica:
- Los Cantos del Trovador
- Granada
- La Leyenda del Cid
Leyenda:
-A buen juez mejor testigo
- La azucena silvestre
- La princesa Doña Luz
Entre muchas otras.
Su obra más importante es "Don Juan Tenorio", un drama romántico que materializa el mito del Don Juan.

Historia de una escalera
Historia de una escalera és una obra teatral escrita por Antonio Buero Vallejo entre 1947 y 1948.
El teatro social es aquel que esta relacionado con la vida diaria y promueve la resolución de situaciones conflictivas con técnicas teatrales.
Se trata de una critica de la sociedad de la época.
El Lazarillo de Tormes
Los Gangstars
Nuestro corto de castellano: "Los Gangstars"
Publicidad
El anuncio de... ¡EL BOCA-LATA!